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12/1/19

Sobre mi madre de Richard Russo.

 
Título: Sobre mi madre
Autor: Richard Russo
Editorial: Alfaguara
Págs: 238
Año 1ª publicación: 2012

Hay amor en estas páginas, y mucha sutiliza para hablar de una madre. Una voz honesta que retrata a una mujer inestable que parecía apoderarse de la vida de su único hijo, el cual siempre atendió sus demandas a veces ridículas y poco razonables. No es este un libro donde se revelen secretos familiares, no los hay, aquí se nos desgrana una complicada relación, la de Russo con su madre.

El primer viaje de Russo fue para comenzar sus estudios en la universidad de Arizona, no se iría solo, su madre también viajaría con él. No importa las veces que a partir de entonces éste se mudaría bien por trabajo, bien por placer, ella siempre le seguiría, toda la vida cerca de él porque su bienestar emocional estaba ligado a la proximidad de su hijo en su vida.

Ella y su hijo, su hijo y ella, formaban un equipo, al menos es lo que quiso. Los dos contra el mundo. ella en realidad nunca nos consideró dos personas distintas, sino más bien una entidad, destinada de algún modo extraño a compartir un destino común. Desde bien pequeño sintió que él era su único pilar, una responsabilidad muy grande para un niño y sofocante para un adulto.

La de esta mujer fue una búsqueda eterna de la felicidad, una felicidad que parecía evadirla. Siempre queriendo escapar del pequeño pueblo Gloversville donde Russo creció, cuando estaba allí no lo soportaba, cuando no, lo añoraba incluso con cariño. Cuando vivía allí, era un sitio pequeño, aislado, pueblerino, de mentalidad estrecha que le impedía ser quien de verdad era: una mujer animosa, nada convencional y liberada. Una vez que había huído de aquella jaula, sin embargo, las mismas características que detestaba se volvían atractivas. La pequeñez que tanto despreciaba se hacía acogedora. Daba igual donde estuviera siempre quería estar en otro lugar, intentar rehacerse una y otra vez en mil sitios diferentes, el problema es que la felicidad no está en ningún lugar, está en uno mismo y ella no sabía, no podía...
Esto es terrible, he llegado a entender tardíamente que para mi madre esto era el sitio del interior de su cabeza donde todo se desarrollaba en un interminable circuito cerrado. lo otro era el sitio que jamás dejó de intentar alcanzar, aquel sitio donde sería feliz.
Obstinada e insatisfecha, a medida que fue envejeciendo más irracional y más exigente se volvió, más difícil fué complacerla también. Encontrarle un apartamento donde vivir se convertía en una verdadera odisea, o bien los vecinos eran demasiado jóvenes o demasiado ancianos o la ubicación del mismo no la convencían, o era muy pequeño o estaba muy sucio. Pegas e inconvenientes que Russo y su esposa aprendieron a sortear pudiendo anticiparse así a lo que sabían ella diría.

Para ella sentirse independiente fue una cualidad que defendía ante todo y ante todos, pese a que de manera persistente dependiera de su hijo. Hay que reconocerle cierta emancipación que en aquellos años (50, 60) no le sería nada fácil, una mujer separada con un hijo, trabajadora, con un exmarido totalmente ausente. No deja de resultar conmovedor ese orgullo de mujer en un mundo de hombres, esa decisión a ganarse la vida por sí misma. Una mujer valiente pero desesperadamente enferma.
De joven, mi madre en muchos aspectos había ido por delante de su época, decidida a ganarse la vida por su cuenta en un  mundo de hombres. En ese aspecto no era tan distinta de las mujeres valientes que habían abierto camino y que nuestras hijas habían estudiado en sus clases de la universidad, las cuales contribuyeron a que se estableciera la reforma laboral y las leyes de igual sueldo por igual trabajo.
Los más cercanos le decían que su madre padecía de "nervios", según Russo nos la va presentando nos damos cuenta de que es algo más serio. Eran desesperados ataques de pánicos, la ansiedad alimentaba su vida, era una mujer enferma, emocionalmente muy frágil y sólo al final Russo deducirá que lo que su madre padecía era un trastorno obsesivo compulsivo y que hubiera necesitado tratamiento, pero nunca tuvo un diagnóstico y por lo tanto nunca fue tratada, si esto pudo ser un alivio en su vida nunca lo sabrán.

Fue una relación exigente, agotadora, amorosa. Incluso cuando éste se casó y formó su propia familia acabaron convirtiéndose todos en rehenes de su locura. Desde luego exigía grandes reservas de paciencia. Me resultó agotador leer como siempre consideraba primero las necesidades de su madre que las suyas, se te llega a hacer difícil mantener la compasión por ella. He llegado a entenderlo porque lo he vivido cerca, lo difícil que es encontrar un equilibrio entre las atenciones hacia el enfermo y las necesidades del cuidador.

Admirable el papel de la mujer de Russo, que llevó con paciencia ejemplar un matrimonio a tres. Infinita tolerancia la suya sin perder nunca el afecto.

Hacia el final entre otras emociones, está la culpa, el preguntarse si acaso no se convirtió en cómplice de sus caprichos, si no alentó su comportamiento complaciéndola en todo, si acaso cerró los ojos a lo que sucedía y no supo verlo. ¿cuánta veces había negado la posibilidad terrible de que en mi madre había algo desequilibrado?. Puede que así fuera que él le daba lo que ella quería y no lo que seguramente necesitaba, pero esa actitud nace del miedo, el miedo a que algo le sucediera y sentirte responsable de ello, de no estar. En cualquier caso el cuidado hacia su madre es notable y si algo abunda en estas páginas es el amor y el respeto.

Russo es un gran narrador, así me lo pareció en el primer libro que leí de él y que traje al blog y confirmado queda tras leer esta lectura, que mira tú también se puede generar cierto suspense con unas memorias. Todo está contado con gran claridad, los momentos más tristes como los más hilarantes porque a veces llega el sentido del humor para aliviarnos un poco, como el relato del primer viaje juntos a Arizona en el Ford Galaxie de 1960 sólo unos meses después de que Richard se sacara el carnet de conducir, cómico y conmovedor.

Un libro íntimo, no podía ser de otra manera, porque así son las relaciones madres-hijos







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26/1/17

Puente de los Suspiros de Richard Russo.


Título: Puente de los Suspiros.
Autor: Richard Russo.
Editorial: Alfaguara.
Págs: 687.
Fecha de publicación: 2007

Tras vivir sesenta años en el mismo lugar, atendiendo el negocio familiar, Louis decide viajar por primera vez para visitar a su amigo Bobby en Venecia, donde éste se ha convertido en un pintor famoso. Quiere preguntarle por qué huyó de Thomaston siendo un adolescente y nunca más quiso volver. Pero mientras prepara la partida, los recuerdos irrumpen para demostrarle que nada es tan simple como pensaba y que todos en el pueblo, incluido él mismo, esconden secretos de los que nunca se habló.

Comienza la historia con Louis Charles Lynch, cruelmente apodado Lucy, escribiendo sus memorias, compartiendo con nosotros los lectores sus recuerdos mientras planea un viaje a Venecia junto a su mujer Sarah. Allí esperan reencontrarse con el amigo de ambos de la infancia, Bobby, ahora un reconocido pintor.
Lucy es el principal narrador de esta historia, un narrador que sabemos no es muy fiable, que no nos cuenta todo, que tiene sus secretos, de los que nos vamos a ir enterando. Para ello se irán añadiendo otras voces como la de su esposa Sarah o la de Bobby.
Seguimos la vida de Lucy desde la infancia hasta los 60 años, 600 páginas que abarcan tres generaciones. El escenario de esta narración es Thomaston, una pequeña ciudad al norte de Nueva York por la que pasa el río Cayoga en el que una curtiduría vierte sus tintes y productos químicos elevando el índice de cáncer entre la población y siendo por contra la industria de la que depende el trabajo de muchas familias. Thomaston, dividido en tres barrios, tres barreras sociales, en una viven los más pobres, en otra la clase media y en otra los más adinerados, separados por la calle División, un nombre que le viene al pelo. Según mejora o empeora la economía de sus habitantes, se van trasladando de un barrio a otro.
Cuando el padre de Lucy se queda sin trabajo decide comprar una tienda de comestibles, de esas que que quedan pocas, el Ikey Lubin´s, un lugar que se convertirá casi en otro personaje más de la novela, un punto de encuentro para los amigos, un lugar acogedor donde siempre serán recibidos con amabilidad y cariño, un lugar donde sentirse cómodos. Esa tienda que comienza como un error acabará convirtiéndose en el futuro de Lucy y su mujer.

A lo largo de la historia les vas cogiendo cariño a los personajes, y prosigues la lectura queriendo saber qué les va a suceder. Son personas sencillas con vidas tranquilas, a través de ellos Richard Russo explora como nuestras familias moldean nuestra vida, como todos tenemos asuntos pendientes que en su momento no se abordaron, la vida con nuestros pasos en falso, con nuestros errores. Un elenco de personajes trabajados y coherentes, hombres y mujeres de la clase trabajadora luchando con los problemas de la vida cotidiana, que te acaban resultando inolvidables. Me gustó el contraste en las aptitudes de los protagonistas, la madre y el hijo, la esposa y el marido, los hermanos, los amigos, la hija y el padre, el profesor y los estudiantes, caracteres enfrentados a lo largo del libro.
Richard Russo te hace que entres de lleno en la historia de estos personajes, pensando en ellos incluso cuando ya has acabado el libro.

La relación que mantiene Lucy con su amigo Bobby es muy interesante. Uno, tímido, necesitado, que admira a su padre por encima de todo, que se acabará casando con su novia de la adolescencia (la única que tuvo), que no se moverá más allá de los límites de su ciudad. El otro, decidido ,confiado, que desprecia a su padre, que se irá para no volver, se casará más de una vez y se convertirá en un famoso pintor. Una amistad unilateral, Lucy necesitaba tanto de un amigo que no veía que sólo para él aquella relación importaba. Bobby que no era mal chico, nunca le dijo nada desagradable, pero supo ignorarle. Dos polos opuestos en todos los sentidos.

Lo que menos me ha gustado han sido los momentos en los que la narración saltaba a Venecia para seguir la vida de Bobby, me parecieron menos intensos y sin profundizar, para volver enseguida a Thomaston y no regresar a ellas hasta pasado tantas páginas que casi tenías Venecia olvidada. Así como extraño me pareció que Bobby se convirtiera en un prestigioso pintor cuando no teníamos ninguna pista de sus dotes artísticas durante la narración.
Sin embargo, disfruté especialmente con el relato de cuando Lucy era niño, me pareció tierno y melancólico.

A veces nos encontramos con personas que para ser felices les basta con algo pequeño pero bueno y para ellos es suficiente, así son y así les pasa a algunos personajes de esta historia. Con la vida que llevamos, acelerados, queriendo hacer mil cosas y con otras mil en la cabeza, ¿quién alguna vez no ha anhelado una vida tranquila en un pequeño pueblo?. A veces da la impresión que lo queremos todo.

Me desconcertó un poco los capítulos finales, no me entusiasmó la resolución, pero no desmerece el resto. La manera de narrar de Russo es sobresaliente.
No es una lectura para lectores impacientes, pero si te gustan las novelas de personajes, sin duda éste te gustará.

Este libro ha sido mi introducción a este autor al que si bien conocía por su Premio Pulitzer con su novela Empire Falls en el 2002, todavía no había leído nada de él. Y me ha gustado, quizás un poco largo, en todo caso, agradable...De todas formas no será la única novela que lea de este autor.

Y hasta aquí mi opinión sobre una  novela en la que lo único que pasa es LA VIDA.

Os dejo en el aire una pregunta que asoma en la novela en más de una ocasión, ¿es mejor querer o que te quieran?...Yo no estoy segura de saberlo y ¿tú?.


Nació en 1949 en Jonhnstown, Nueva York, y estudió en la Universidad de Arizona. Es autor de las novelas Mohawk, Alto riesgo y Ni un pelo de tonto, que fue llevada al cine con Paul Newman como protagonista. También escribió la novela The straight man y el libro de relatos La hija de la puta. En el 2002 obtuvo el Premio Pulitzer por Empire Falls, que se convirtió en un éxito de ventas. Puente de los Suspiros superó todas las expectativas de lectores y críticos.
También ha trabajado como guionista
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