Leer, escribir, compartir

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7/10/18

Nada de Carmen Laforet.







Título: Nada.
Autora: Carmen Laforet.
Editorial: Destino.
Año 1ª publicación: 1944.
Págs: 303.





Pocos lectores habrá a día de hoy que no conozcan Nada de Carmen Laforet,  yo lo leí por primera vez cuando tendría más o menos la misma edad que Andrea, la protagonista, y aún perdura el recuerdo de esa primera y lejana lectura. Hoy ha vuelto a caer en mis manos, hoy me vuelvo a encontrar con ella, hoy vuelvo a disfrutar leyéndolo.

He vuelto con Andrea a una Barcelona posbélica, a pasear por sus calles, a vivir con ella ese año que pasó en el piso de la calle Aribau donde fue para poder estudiar en la universidad, he vuelto a conocer a sus familiares y me he vuelto a emocionar.
Se presenta Andrea con sólo una maleta llena de esperanzas y de ilusiones por nuevas experiencias, por un poco de libertad. Lamentablemente estos sentimientos tan entusiastas quedan bruscamente interrumpidos en cuanto descubre la realidad un tanto esperpéntica que la acoge.
Al abrir las puertas del piso de la calle Aribau el grato recuerdo que guardaba de cuando pequeña lo visitó se ensombrece, lo que antaño fue un espacio luminoso, espacioso, ahora resulta un lugar lúgubre donde se apilan sin ningún orden ni cuidado reliquias llenas de polvo testigos de un pasado mejor. Junto con el deslucido panorama de la vivienda se encuentran sus familiares, personajes heridos, frustrados, traumatizados, todos intensos, muy intensos. Allí se grita y se llora, se insulta y se pelea, y todo pasa como si nada, un cuadro verdaderamente deprimente el que ofrecen. Y entre insultos constantes, violencia y una rabia que todo lo invade, se haya perdida Andrea. Apocada como se encuentra entre esos seres excéntricos las calles de Barcelona se le presentan como un escape en el que buscar una comodidad que no encuentra entre esas cuatro paredes. También contará con Ena, una compañera de la universidad, guapa, inteligente, rica, y un poco pícara que le aportará el brillo que le falta a sus días. Hasta entonces nadie a quien yo quisiera me había demostrado tanto afecto y me sentía roída por la necesidad de darle algo más que mi compañía, por la necesidad que sienten todos los seres poco agraciados de pagar materialmente lo que para ellos es extraordinario: el interés y la simpatía. Dos mundos en su vida, la casa y la universidad, dos mundos que no quiere mezclar, pero claro, la vida no siempre sigue nuestros deseos.

Vaya elenco de personajes se nos presentan en esta lectura, todos excelentemente caracterizados. Les definen sus actos, sus conductas, pocas descripciones físicas encontramos y sin embargo están perfectamente perfilados. Así tenemos al tío Juan, al que le domina una violencia insana, incapaz de expresarse sino es con insultos y palizas; su mujer Gloria, buena chica, algo ingenua, a la que le caen encima los ataques de furia de su marido, de ella nos llegan retazos del pasado de la familia; la tía Angustias, intentando imponer su autoridad, su hipócrita disciplina puritana; el tío Román, seductor, y arrogante; la desagradable criada que junto a su perro merodea por la casa sin tener gran cosa que hacer; la abuela frágil, sufriente y amorosa, siempre inclinada a perdonar a todos.

Con frecuencia me encontré sorprendida, entre aquellas gentes de la calle Aribau, por el aspecto de tragedia que tomaban los sucesos más nimios, a pesar de que aquellos seres llevaban cada uno un peso, una obsesión real dentro de sí, a la que pocas veces aludían directamente.
Por supuesto no podemos olvidar a Andrea, la narradora, son sus observaciones, sus impresiones, sus descripciones de cuanto la rodea, de esos detalles que llaman su atención, es su forma de mirar la vida la protagonista en estas páginas. Todo pasa en su derredor, y lo que a ella le sucede lo vive como una observadora, su primer baile, incluso su primer beso. Nada es el vacío que siente Andrea, Nada es lo que ella espera cuando el desánimo le vence al sentir incumplidas sus ilusiones.

A través de estos personajes Carmen Laforet retrata a toda una sociedad española en el período de la posguerra, una Guerra Civil que sin estar en el centro de la historia, sin nombrarla apenas, se cierne sobre los personajes, sobre el ambiente decadente en el que habita la locura, sobre esa familia fracturada, sobre su pobreza, sobre el hambre. Expuesta queda la herencia de una guerra.

El después de una guerra, las graves heridas emocionales que deja, que transforman, un destrozo del alma, un recuerdo que perdura dolorosamente, cruelmente. Secuelas simbolizadas en cada personaje de esta novela, todos golpeados por el conflicto bélico vivido. Y es que cómo puede ser posible salir completamente ileso de una experiencia tan traumática, tan violenta, después de estar expuestos ante un sufrimiento tan elevado. Cada cual lo manifestará de forma distinta, pero ahí queda.

Menciono por supuesto también el ambiente asfixiante que todo lo envuelve, perfectamente transcrito, traspasando las páginas, llegando al lector, haciéndonos sentir incómodos, claustrofóbicos.

Destacaría la elegancia de la prosa, sin artificios innecesarios, de rápida lectura, Nada es una novela íntima maravillosa repleta de momentos dramáticos, algunos acaban resultando cómicos de ridículos, te hacen reír, y te hacen llorar, te asustan, te entristecen, te hacen sentir que al final es lo que yo busco en una lectura.



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9/8/18

Intemperie de Jesús Carrasco.

Título: Intemperie.
Autor: Jesús Carrasco.
Editorial: Seix Barral.
Año 1ª publicación: 2013.
Págs: 223.

Me da la impresión que voy a contracorriente en cuanto a lecturas se trata, salen publicados, me los recomiendan encarecidamente y los dejo pasar. Luego desde la lejanía de la avalancha mediática, del boom publicitario que conlleva su publicación (en este caso 20 ediciones, publicado en 30 países, traducido a 15 idiomas, considerado el mejor libro del año del 2013)  me embarco en la lectura.

Mis impresiones
No hay nombres propios, serán el chico, el pastor, el alguacil, tampoco sabemos donde ocurre, ni cuando, ni espacio concreto ni tiempo determinado. La historia nos traslada a un paisaje desolado, una tierra diezmada por una gran sequía, una tierra apenas con vida donde sus gentes han tenido que marchar. En este escenario un niño emprende una huida con tan sólo un trozo de queso y un pedazo de pan en una mochila. Escapa de algo, de alguien, de nada bueno, del horror. Al comienzo no sabemos el por qué de su fuga desesperada, Jesús Carrasco sugiere, insinúa, nosotros interpretamos, imaginamos, intuimos. En su huida no anticipó las penurias a las que tendría que enfrentarse, la falta de alimento en un llano como aquel; las inclemencias del tiempo, el sol como un castigo; la soledad. Nada calculó, nada preparó, sólo quería escapar. En realidad, no había preparado su marcha. Simplemente, un día, una gota derramó un caldero. A partir de ese momento, brotó en él la idea de la fuga como una ilusión necesaria para poder soportar el infierno de silencio en el que vivía.
Había imaginado encontrar un lugar más amable para vivir, eso sí, pero luego  le estremeció encontrarse en medio de aquella desolada llanura. En este éxodo se encontrará con un viejo cabrero con el que entablará un relación basada más en silencios que en palabras, no se dicen el nombre, no se habla del motivo de la huida, un hombre de pocas palabras pero de grandes actos. Le ayudará a sobrevivir en esa tierra baldía y le protegerá de aquellos que buscan al chico, porque el alguacil y sus secuaces le pisan los talones.

Caminarán juntos sin más compañía que la de las cabras, el perro y un burro, buscando pozos que contengan agua, buscando sombra que les de cobijo frente a ese sol calcinador, enseñando uno y aprendiendo el otro. El viejo le transmitió al muchacho el rudimento del oficio, otorgándole en ese instante la llave de una sabiduría perenne y esencial. La que extraía leche de las entrañas de los animales o hacía que de una espiga pudiera brotar un trigal. El hambre, la sed, las crueldades que sufren son horribles, inhumanas. Pensó que el infierno que le esperaba al final de sus días no debía de ser muy diferente del sufrimiento en el que vivía. Que aquel pozo flamígero, cargado de almas negras, bien podría ser el llano con su caterva de mezquinos.

Las descripciones en Intemperie son muy visuales, ricas en detalles, quizás en ocasiones se detiene en exceso, (aprendemos perfectamente junto al niño a ordeñar una cabra, o ensillar un burro) si añadimos el escaso espacio para los diálogos, entiendo que haya lectores a los que les haya resultado algo lento. Es cierto que el ritmo es muy lineal, pero la prosa minuciosa, y el excelente dominio del lenguaje, meticuloso, rico, a mí me impulsó a seguir hacia adelante. No os engaño si os digo que tuve que tirar de diccionario y no una sino muchas veces, debido al léxico rural que utiliza, palabras en desuso en nuestra vida actual, al menos desconocidas para mi, un vocabulario ilustrativo y evocativo del mundo agreste que ni sobran ni estorban en la lectura. Acertado también el título, condensa la esencia de la novela.

Destacaría la violencia que impregna el ambiente y envuelve todo el relato, siempre presente, en el paisaje, en los humanos, así como la soledad en ese paraje inhóspito y la angustia del niño por alejarse del horror que le ha llevado a escapar. El abuso del poder contra los más pobres, contra los más vulnerables, una odiosa violencia ejercida impunemente y además silenciada por su entorno más familiar. Una realidad antes de su huida, abusiva, injusta, humillante, incomprensible. Una realidad impropia para un niño. Frente a ese mundo injusto, la dignidad que le hace revelarse contra el fatídico destino que le ha sido asignado, ese valor tan fundamental para la raza humana y que yo en esta historia subrayaría por encima de cualquier otro.

A pesar del carácter angustioso que recorre la novela, me sentí atrapada en la historia. No es una lectura de las que dicen entretiene, es una lectura incómoda por la temática y por las descripciones tan brutales. No es una lectura de acción trepidante, transcurre lenta y el lector espera, espera, porque sabe que algo va a suceder, que en cualquier momento la tragedia atizará a los protagonistas, pero esa tensión dramática hace que resulte imposible no pasar una página tras otra sin detenerte. Jesús Carrasco ha escrito una primera novela agónica, y nos la ha hecho sentir, a mí me ha convencido, de hecho ya tengo la atención puesta en su segunda novela La tierra que pisamos.




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15/7/18

La joven de las naranjas de Jostein Gaarder.

Menudo esfuerzo me ha supuesto acabar esta novela, no había llegado a la mitad del libro cuando supe que no iba a gustarme, entonces ¿por qué seguir leyendo algo que sé no me está gustando, no está reclamando mi atención para nada, y me parece aburrido y repetitivo? si leo por placer, por amor a la lectura, y a medio camino no encuentro disfrute y me parece que estoy desperdiciando el tiempo, ¿qué motivos tengo para seguir?.

Quizás la esperanza de que fuera tan estupendo como decían las reseñas, quizás mi determinación de nunca rendirme es lo que me ha llevado a terminarlo, en cualquier caso, no ha merecido la pena.


Título: La joven de las naranjas.
Autor: Jostein Gaarder.
Editorial: Penguin Random House. Debolsillo.
Año 1º publicación: 2003.
Págs: 178.
Tiempo hace que tengo este libro, creo haberlo adquirido por el grato recuerdo que guardo de una lectura del mismo autor que leí durante la adolescencia, El mundo de Sofía, probablemente por ello me he embarcado en esta lectura y seguramente esto haya sido lo que me sostuvo hasta el final. Suena un poco tonto lo sé, sobretodo porque El mundo de Sofía lo leí hace 20 años y no estoy segura de que ahora me causara las mismas impresiones, ya sabéis que el tiempo lo es todo, ahora soy un poquito más mayor, más cínica creo, y veo la realidad de otra manera. Tampoco es que esperara demasiado de esta lectura, no nos engañemos, pero oye por lo menos que no me aburriera.

Después de once años de la muerte de su padre, Georg se reencuentra con él a través de una carta que éste le dejó escrita para cuando tuviera edad de entender. Ahora con quince años le ha llegado la hora de leerla. La carta contiene una historia de amor, la de su padre con la joven de las naranjas, una misteriosa jovencita que le enamoró, también contiene preguntas que invitan a la reflexión, preguntas relacionadas con el tiempo y la vida, con nuestro paso por aquí.

Si pudieras elegir, ¿elegirías vivir una vida en la tierra sabiendo que un día de repente te será arrebatada, tal vez en medio de una gran felicidad? ¿ o rechazarías desde el principio la oferta de la vida?.

Una carta de alguien que ya no está no es suficiente para emocionarme, los personajes tienen que provocarme sensaciones, la trama tiene que atraerme, y aquí ni lo uno ni lo otro. Los comentarios intercalados del adolescente referentes a lo que su padre le va contando me resultaron muy insulsos, su actitud emotiva no me transmitió nada. Me irritó la repetición de algunas ideas, palabras que se reiteran hasta la saciedad, exagerado también el aire de misterio que ha querido darle a la historia, no encontré nada que me perturbara lo más mínimo, ninguna sorpresa en sus páginas, ha sido como leer un conjunto de banalidades carentes de sorpresas y aburridas que ningún interés despertaban en mí.

La historia está narrada con sencillez y claridad, dos aspectos que no destaco como negativos, en este caso creo que la pretensión del autor es llegar a todos los lectores, adolescentes y más mayorcitos. Otra cosa es el propósito del autor de hacernos pensar, reflexionar sobre ciertos aspectos expuestos, conmigo no lo logró, probablemente con lectores más jóvenes lo consiga. Y si logra estimularles el pensamiento, la curiosidad, el cuestionarse las cosas, el hacerse preguntas aunque no tengan las respuestas, pues buen trabajo por el autor y punto positivo para el libro. La filosofía es dialogar, explicar, razonar, escuchar, y todas estas cualidades yo las echo mucho en falta en el mundo actual.

Queda evidente que La joven de las naranjas no me ha gustado, tal vez en otro tiempo mis sensaciones habrían sido diferentes. Os aseguro que voluntad no me ha faltado, pero esta vez Gaarder no ha conquistado mi atención. Creo que tengo más claro ahora que si me vuelve a pasar algo parecido con alguna de mis lecturas, si rencor, sin dolor, cerraré el libro y daré paso a otro.



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11/6/18

Días sin hambre, Delphine De Vigan.

Título: Días sin hambre
Autora: Delphine de Vigan
Editorial: Anagrama. 
Año 1ª publicación: 2001
Págs: 167

Ayunar voluntariamente hasta rozar la muerte. Más allá de la obsesión por buscar la perfección del cuerpo, la expresión de un dolor, el querer encogerse, vaciarse, desaparecer para no sentir, para no ver, para huir. Extraña y peligrosa manera de hacer frente al malestar de una vida.
Desvanecerse porque tal vez a nadie le importe, nadie note si estás o si te has ido. Una falta de atención total, de profunda soledad que duele cada segundo de tu vida, cómo continuar cuando no podemos transmitir ese dolor a nadie. La delgadez como un grito.

Nos encontramos en estas páginas con el testimonio de una joven enferma de anorexia en su proceso de recuperación. Ha llegado a la frontera con la muerte, 19 años 36 kg, elegir vivir o morir. Ella misma con la ayuda de su médico ingresa en un hospital para conseguir los 50 kg que la devolverán al mundo, a la vida. Aquí topa con pacientes en su misma situación, o en la opuesta, todos inmersos en una intensa lucha cada uno con su historia, con su mochila, se tienden la mano creando un vínculo de compañerismo que les hace sentirse menos solos, todos cómplices.
A través de una sonda le llegan las primeras calorías necesarias para que su cuerpo comience a despertar, luego todo el trabajo mental para intentar ganar la batalla a esta enfermedad terrible y difícil de superar, para dejar de maltratar no sólo al cuerpo físico también al corazón.
Subirse a la balanza, contemplarse en el espejo y comenzar a ver como el cuerpo va ganando peso muy poco a poco, no venirse abajo, seguir.

Recuerda las miradas, de compasión, de recelo, el miedo reflejado en los ojos de la gente. Recuerda a los que se quedaron, los que nunca la abandonaron a pesar de sus excusas cada vez más frecuentes para no aparecer, para hundirse en la soledad, y también recuerda a los que se alejaron, los que no aguantaron, los que no sabían qué decir ni como mirarla. Y es que hay cosas difíciles de entender desde fuera y difíciles de superar desde dentro, por eso ante todo no juzgar. No juzgar esas conductas autodestructivas, esa violencia letal que ejercen sobre su propio cuerpo. Comportamientos que nos inquietan, que nos perturban, que nos asustan porque logran adherirse tan firmemente que a veces son llevados hasta sus últimas consecuencias.

Como nos tiene acostumbrados esta autora es esta otra novela suya con un toque autobiográfico, escrita sin caer en el melodrama, con un estilo preciso, sobrio. Visceral, honesta y exacta eligiendo las palabras. Frases cortas, sentimientos que salen a presión y que necesitan decirse, escribirse. Bien podría por el tema caer con facilidad en la autocompasión, en la pena, pero no creo que busque provocar estas emociones excesivas en el lector, más bien es como un desahogo.

Para los que antes leímos Nada se opone a la noche, nos serán familiares las evocaciones a la locura de la madre, a la soledad, a la inestabilidad de una complicada historia familiar, huellas de lo que luego nos contaría dado que escribió primero Días sin hambre. Dos libros que sin duda se complementan.

Me gustó mucho Delphine De Vigan con Nada se opone a la noche, tanto que me llevó a querer leerla más y así fue como llegué a Días sin hambre, y así será como siga conociéndola, no será este el último libro que lea de ella. Una autora interesante que vale la pena leer, yo que vosotr@s tomaría nota de esta autora.


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4/5/18

El sur seguido de Bene de Adelaida García Morales.

Título: El Sur seguido de Bene.
Autora: Adelaida García Morales.
Editorial: Anagrama. Narrativas hispánicas.
Año 1ª publicación: 1985.
Págs: 111.

No es la primera vez que leo este libro, de hecho ya son varias las veces que paseo por sus páginas, me gusta leerlo, me gusta las sensaciones con las que me quedo. Es esta una lectura para regalar, para recomendar sin peros. Y no estoy segura yo de que con estas impresiones que aquí os dejo vaya a explicar muy bien por qué me parece una gran lectura, pero quizás pico la curiosidad de algun@ de los que habitualmente me leéis y  podemos compartir el gozo que a mí me supone el leerlo.

El sur es la novela que lanzó a esta autora allá por los 80, conocida también porque fue llevada al cine por el que entonces era su marido Víctor Erice con gran éxito, una bella película que si no habéis tenido ocasión de ver todavía, os animo a hacerlo.


Un relato constituido de recuerdos, los de Adriana que en primera persona y dirigiéndose a su padre a modo de carta nos cuenta la relación entre ellos durante su infancia y adolescencia. Le escribe a ese padre que ya no está, nos lo hace saber dese la primera frase del libro, mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Era este padre un hombre atormentado, en lucha consigo mismo y con un pasado que le pesaba demasiado y del que no podía desprenderse, hundido en una tristeza que apenas le dejó vivir y que le llevó a un aislamiento físico y psicológico en el que arrastró a su familia.

Fascinación en su forma de mirarle, de admirarle, su referente en aquella finca alejada de todo y de todos. Quizás tú, tan absorbido siempre en otra cosa que yo desconocía, en aquel dolor por el que no me atrevía a preguntarte, no llegaste a ver como yo me sujetaba a tí en la vida y te reconocía como el único ser que me amaba incondicionalmente. Adriana durante su infancia vió en su padre a un hombre con propiedades casi mágicas, según fue creciendo y comenzando a conectar con el mundo exterior una hostilidad creció hacia él, la imagen idealizada fue desapareciendo, la relación se deterioró inexorablemente. Sin embargo la figura de la madre siempre se mostró difusa, pocos recuerdos guarda de ella, Adriana no se vió en los ojos de su madre, no se sientió en las pocas muestras de cariño que ésta le prodigó, ella sólo estaba para su padre y era en él en quien quería verse.

No eran las palabras lo que más les unía, eran los gestos como el baile en su comunión; los objetos como el péndulo, otras formas de comunicación que llegan quizás más que lo dicho.

Adriana era la única persona que le mantenía en una vida carente de sentido para él, así que al sentir que la estaba perdiendo ya no le quedó nada para continuar. Cuando seas mayor, no te cases ni tengas hijos, si es que quieres hacer algo de interés en la vida, aunque sólo sea para tener la libertad de morir cuando quieras.

Un relato de una brutal tristeza, de muchos silencios y de una profunda soledad que desde niña envolvió sus días, una soledad a veces deseada, a veces odiada. Siempre bajo la sospecha de ese algo que había oculto en la vida de su padre, entre palabras oídas a su madre y entre lo no dicho, los silencios, sabía que algo del pasado no le dejaba vivir el presente.

Son palabras de confesión de una hija que quiso comprender, saber del sufrimiento de ese que tanto quiso, entender por qué actúo como lo hizo. Y ese querer acceder al dolor del padre le llevó a Sevilla, al sur, a su pasado, ciudad de color, donde descubrió al fin su tormento, donde pudo reconstruir la realidad del misterio de su padre.
Ver cara a cara ese secreto que siempre supo que existía pero que no sabía qué significaba, sacar a la luz aquello que estuvo callado y tratar de entenderlo para poder reconciliarse con el que ya no está.

En Bene, la linea entre la fantasía y la realidad se vuelve difusa, elementos sobrenaturales entrelazados con la vida real. Es este un relato más inquietante, en el que suceden hechos fuera de la comprensión de esta niña, Ángela, que acabarán en un fatal desenlace. Todo lo que sabemos es a través de los ojos de ella, y nos preguntaremos en más de una ocasión qué hay de imaginario, y qué de real.

Bene, era la sirvienta gitana que entró a trabajar en la casa de Ángela, una presencia medio espectral que sin ser guapa llamó la atención de los hombres de este hogar, el padre y el hijo.En Bene destacaba la gracia enorme de sus ademanes y de los movimientos de su cuerpo al caminar. No era guapa, pero su rostro parecía conmovido por algo indefinible. Ángela la miraba con cierto temor a la vez que fascinación, había algo turbio, brumoso, que despertaba en mí un sentimiento mezcla de angustia y repugnancia y que sentía como si fuera una morbosa emanación de la muchaha...De nuevo aquella expresión de muerte que no parecía pertenecerle, como si fuera una espantosa careta.

Para Ángela el centro de su vida, la figura adorada era su hermano Santiago. Apenas tenía contacto con nadie más, alejada como vivían en una finca donde a través de los barrotes veía pasar manadas de toros y caravanas de gitanos que tanto le llamaban la atención y que tanto le hacían imaginar peligros y sufrimientos. Su madre había fallecido y su padre poca importancia tenía en la vida de estos dos hermanos, pasaba meses enteros fuera sin preocuparse de sus hijos, así que cuando llegó Bene a la casa creyó o más bien quiso encontrar una amiga. Lo que no sabía era que no sólo esto no sucedería sino que una catástrofe caería sobre esta casa, en concreto sobre su querido hermano Santiago. ¡Qué edad más difícil tenía yo entonces! Doce años. Conoces el dolor y, sin embargo, aún no llegas a comprenderlo y, mucho menos, a remediarlo.

En este relato el ambiente es más misterioso, enigmático, más gótico, con una atmósfera fantasmagórica, apariciones, oscuridad.

Tanto El sur como Bene, son inquietantes narraciones en primera persona de una niña, y ambas dirigidas a una figura masculina, el padre y el hermano. Tanto Adriana como Ángela sufren un aislamiento y habitan en un ambiente familiar cuanto menos opresivo.
Dos relatos que pese a su brevedad son de una gran intensidad, su prosa sugerente, llena de sensibilidad, elegante, precisa, nada falta nada sobra. Totalmente recomendable.
 


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31/3/18

Reto 5 líneas, Marzo


Relato escrito para el Reto 5 líneas que organiza Adella Brac en su blog Las palabras soñadas.

Las tres palabras a incluir en el relato del mes de marzo son: señora / árboles / leve.

Vengo de un lugar donde los sonidos y los olores los siento demasiado fuertes, donde apenas conozco a mi vecina a la que sólo oigo vocear. Y llego aquí donde poco se oye, si acaso la leve melodía de las ramas secas de los árboles al moverse, donde los aromas de la tierra me arrullan, donde cerca tengo a la señora del moño gris que se la siente feliz y no porque sonría mucho, es algo que emana de su interior y que yo envidio. Allí no quiero volver, de aquí no me quiero mover.
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28/3/18

Un hijo de Alejandro Palomas.

Título: Un hijo.
Autor: Alejandro Palomas.
Editorial: La Galera.
Año 1ªpublicación: 2015.
Págs: 243.

Siempre tengo ganas de traer al blog a Alejandro Palomas, en esta ocasión os quiero hablar de Un hijo, libro que se publicó en 2015 y que fue Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en el 2016. Que no os confunda este premio, no es este un libro escrito para niños y que los mayores puedan también disfrutar, es justo lo contrario un libro escrito para adultos que resulta más que aconsejable para los más jóvenes.

Guille es el protagonista de esta emotiva historia, Guille de tan sólo 9 añitos, que podría ser mi hijo, el del vecino, el amigo de mis nenes, Guille es todos los niños del mundo. Con esa imaginación desbordante, con una sensibilidad especial, con esa ingenuidad infantil y con esa lógica aplastante que sólo los niños tienen y que en más de una ocasión te deja sin palabras.

¿Qué queréis ser de mayor?  una pregunta sin importancia, una respuesta inocente de un niño, y una profesora atenta, entregada, darán pie a conocer la historia de Guille, a descubrirle, a saber las causas de la ausencia de su madre, a saber de esos secretos que como toda familia guardan.
Esta pregunta que a todos nos han hecho y que hemos hecho a nuestros hijos en algún momento es abrir todo un abanico de respuestas a cada cual más sorprendentes y más ingenuas, futbolistas, actrices, cantantes, superhéroes, magos, veterinarios...tantas respuestas como abierta es la mente de un niño. Son los sueños que un día tuvimos y que los creímos factibles, sin saber que más tarde, en la mayoría de los casos, la vida se encargaría de reemplazarlos por otros.
Guille quiere ser Mary Poppins no como ella sino ella, volar, decir la palabra mágica, esa tan larga que todos nos aprendimos con la película (supercalifragilísticoespialidoso...) porque quizás cantándola muchas veces su madre vuelva o su amiguita Nazia no tenga que casarse con un hombre treinta años mayor que ella al que no conoce y tal vez pueda quedarse en el cole y seguir jugando juntos. Es Guille un niño de una hipersensibilidad especial que a su padre no le acaba de gustar y que siempre intenta corregir. No le gusta jugar al fútbol, ni al rugby ni a nada que tenga como objeto principal del juego una pelota, a él le gusta bailar, a él le gusta disfrazarse de Mary Poppins y cantar, a él le gusta recoger flores, a él le encanta leer. Y todo lo hace con esa ilusión desmedida que los niños poseen.

Deberíamos los mayores liberarnos de prejuicios y dejar que los niños se expresen como más feliz les haga, sobreponer el amor y la felicidad de ellos.

Este pequeño vive con su papá, Manuel, extrañando los dos cada día a la mamá ausente. Tan sólo juega con Nazia, su amiguita paquistaní la mar de simpática. Guille es un niño extrañamente feliz y digo extrañamente porque su entorno, sus circunstancias no son las más propicias para ello, todo lo contrario, a medida que avanzamos en la lectura nos iremos dando cuenta de la verdadera situación familiar. 

Es un error pensar que los niños no se enteran de nada, que los problemas de los adultos les pasan desapercibidos, entienden lo que se cuenta y lo que se silencia. Posiblemente lo que no sepan es exteriorizarlo verbalmente. Hay que sentarse con los niños saber escucharles y darles las respuestas que necesitan. A veces pasa que son ellos los que nos acaban dando una lección de vida, como sucede con Guille en el final de esta historia, un final que te hace tragar saliva, que te ardan los ojos y se te forme un nudo en la garganta.

Cuatro serán las voces que nos lleven a través de las páginas, Guille, su papá Manuel, Sonia la profesora y María la orientadora, cuatro voces, cuatro miradas distintas.

Se lee muy fácil, por la sencillez efectiva para contar esta tierna historia que fluye sin problemas, que te lleva página a página queriendo saber más de Guille. Me gusta la sensibilidad de Alejandro Palomas para retratar a este niño tierno e imaginativo, a este niño que te emociona hasta el llanto.

Mención aparte merece la portada, una fotografía que lleva por título free your mind (libera tu mente) de Catrin Welz Stein. Ilustra perfectamente la imaginación desbordante de los niños, todo el mundo de fantasía que habita en ellos.

Si decidís leerlo, os emocionará, os gustará Guille seguro.





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11/3/18

La niña del faro de Jeanette Winterson

Título:La niña del faro.
Autora: Jeanette Winterson.
Editorial: Lumen.
Año 1ª publicación: 2004.
Págs: 199.

En un pequeño pueblo pesquero escocés vivía una niña llamada Silver junto a su mamá, papá nunca conoció, en una casita inclinada en lo alto de una montaña. Un día su mamá sufrió un desgraciado accidente y con apenas 10 añitos se quedó huérfana y sola en el mundo. Pero entonces apareció Pew el guardián del faro quien se hizo cargo de ella. Pew era un hombre ciego, solitario, con un precioso don, una prodigiosa habilidad para narrar historias. Silver acogía estos relatos con enorme curiosidad, encontró en ella a una gran oyente. Entre todas las historias que le contó, destacó la de Babel Dark, un lugareño arrogante, oscuro, que vivió una doble vida, desgarrado entre el deber y el deseo. Enamorado de una guapa pelirroja, Molly, a la que abandonó preso de los celos, y casado con una buena mujer a la que no quiso y con la que se conviertió en un hombre atormentado.
Silver se sentía bien viviendo con el cariño del viejo Pew, así como el faro es una luz que transmite seguridad en la oscuridad a los marineros, así era Pew para Silver, amparo, protección, su luz.
Hasta que un día el progreso llegó a este pequeño pueblo dispuesto a automatizar el faro lo que significó que ya no necesitarían de Pew y Silver para mantenerlo. Les llegó el momento de decirse adiós y cada uno partió por separado. Una vez más se volvió a quedar sola, para ella sólo cabía ir hacia adelante, no tenía donde volver ni con quien, nada a quien anclarse, debía de ir en busca de nuevos comienzos "¿por dónde empezar? difícil en las mejores circunstancias, más duro cuando tienes que volver a empezar". Silver no tenía más opciones que la de seguir y embarcarse en su propia historia. Y no fue fácil para ella fuera del faro donde había vivido desconectada de la vida del día a día, no le fue fácil buscarse un trabajo, no le fue fácil incluso inscribirse en una biblioteca ya que no tenía ninguna dirección fija, por entonces dormía en una posada, no le fue nada fácil vivir. Diferentes sucesos la llevaron a estar internada en un manicomio durante una temporada, psicosis le dijeron que padecía "falta de contacto con la realidad". "Desde entonces, he estado intentando descubrir qué es la realidad para poder tocarla". Y así siguió deambulando por la vida buscando una estabilidad que nunca tuvo y que siempre anheló.

Cómo nos gusta desde niños que nos narren historias, ese poder que tienen las palabras para transportarnos a otros tiempos, a otros lugares. A través de ellas descubrimos el mundo que nos rodea, despiertan nuestra curiosidad, nuestra imaginación, encontramos en las historias reflejos de nuestra propia vida. Pew utilizó las historias para combatir la soledad de Silver, para enseñarle en cada una una lección de vida, para que la acompañaran siempre, para que fuera capaz ella de inventar, de contar, de crear las suyas.

A pesar de que te embarga una sensación de tristeza por ella y por su soledad desde las primeras páginas, el humor siempre hace acto de presencia aligerando el tono grave. Estos cambios en el tono de la narración hacen que el lector pase por diferentes emociones, de sentir pena, tristeza, a sacarte de repente una sonrisa, y lo hace sin que lo esperes, casi por sorpresa, lo trágico y lo cómico se interponen en esta historia haciéndola si cabe más especial.

Winterson entremezcla personajes históricos como Darwin, escritores como Robert Louis Stevenson también visitan esta historia ,su novela El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde ilumina la vida de Babel Dark, que bien podría haber servido de modelo para dicha novela.

Extraña quizás, breve y conmovedora, con un lenguaje que raya la poesía, párrafos fragmentados, frases cortas cargadas de sentimiento, un derroche de metáforas, así es La niña del faro.

Algo tiene de cuento de los de antaño, de esos para contar antes de ir a la cama, algo tiene que me gusta, que me ha gustado mucho, que no he podido alejarme de ella hasta llegar a la última página.

Una delicada novela que he leído con verdadero deleite.

A veces son los libros los que nos llevan de una lectura a otra, otras los autores que hacen alusión a ciertos escritores en sus libros o en entrevistas, como en este caso Alejandro Palomas, el traductor de este y otros libros de Jeanette Winterson al que le debo haberme descubierto esta autora que me habría pasado desapercibida de no ser por él.

Me despido de vosotr@s con una de las muchas frases que este libro nos regala.
Nunca te fíes de lo que ves. No todo puede verse. Pew le dice a Silver y ya lo dijo también El principito, lo esencial es invisible a los ojos.




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7/2/18

El amante de Marguerite Duras.






Título: El amante.
Autora: Marguerite Duras.
Editorial: Maxi Tusquets.
Págs: 130.
Año 1ª publicación: 1948









Nada puedo decir de esta lectura que no se haya dicho ya, de sobra es conocida, no necesita presentación. Sólo vengo a contaros lo que he sentido, mis impresiones, mi forma de descubriros una lectura.

Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde

Es la voz de una mujer evocando momentos de su juventud, arrojando sus recuerdos a las páginas, dolorosos, porque a veces volver a aquello que nos ha dejado marcas profundas y que de alguna manera condicionó nuestra vida no es nada fácil. Sacar a la luz hechos, sentimientos enterrados y mostrarlos según se agolpan en la memoria, sin orden, cambiando de tiempo sin previo aviso, un suceso la lleva a algo olvidado, repite episodios, todo de una gran profundidad emocional.

Se ha dicho que es este un libro de inspiración autobiográfica, Marguerite que a veces es "yo" y otras "ella", la voz de la narradora y del personaje que se enredan, despegándose de la historia en ocasiones y otras dando más autenticidad al relato.

Un encuentro inesperado a orillas del río Mekong, en la Indochina francesa en los años treinta será el principio de esta relación prohibida, el de una adolescente europea blanca de 15 años y un hombre chino, rico y mucho mayor que ella, un tiempo para recordar, un año y medio que nunca se olvidará. Diferencia de edad, diferentes clases sociales, diferente origen étnico, una relación vetada, sin futuro. Ambos lo sabían, eran conscientes de ello.Desde los primeros días, sabemos que un futuro en común no es proyectable, de modo que nunca hablaremos del futuro, mantendremos conversaciones como periodísticas, y de igual calibre.

Más que amor, pasión; más que amor, deseo; más que amor, una forma de revelarse, enormes ansias de huir, de separarse de ese dolor diario; más que amor, un grito de desesperación; más que amor, bonitos sentimientos.
Fueron dos amantes dejándose llevar por un torrente de deseo, encuentros furtivos donde sólo hay cabida para el goce y el disfrute, momentos donde todo lo demás deja de ser, ya habrá tiempo para volver a la soledad y la miseria de la realidad. El placer del despertar de los sentidos, la iniciación a la sensualidad, dando paso ella a una quizás precipitada madurez, de ahí la frase inicial con la que arranca el libro. Narrados estos encuentros con una gran sensibilidad, sin incomodar, sin recrearse en escenas desagradables, sin caer en la vulgaridad.

A pesar del título, quien domina cada página es la madre, su relación con ella y con sus hermanos,  una madre con un comportamiento ambiguo que hará que nos estremezcamos en más de una ocasión, una madre a la que odia y quiere con la misma intensidad. También, la violencia del hermano mayor, el elegido de la madre, al que dará todo y más y esa muerte demasiado prematura del hermano pequeño. Ese dolor, esa miseria de familia, esa pena más grande si cabe porque se lleva en silencio, hay cosas que no se deben contar. Ella será la primera en irse, en alejarse de esa devastadora violencia familiar.

...creo haber hablado del amor que sentíamos por nuestra madre pero no sé si he hablado del odio que también le teníamos y del amor que nos teníamos unos a otros y también del odio, terrible, en esta historia común de ruina y de muerte que era la de nuestra familia.

Me sorprendo leyendo en voz alta, quizás porque cuando se habla de emociones el ritmo se vuelve un tanto poético. Cada palabra en su sitio dentro de la frase, cada coma y cada punto en su lugar y hay que saber leer estas pausas, estos silencios, sino el efecto de la lectura no sería el mismo. Es un libro para oír, para sentir. Las palabras materializan las imágenes ante nuestros ojos, los sentimientos están ahí, expuestos en las páginas. Frases cortas, secas, poderosas.

Me pregunto cómo he podido tardar tanto, tanto en leer esta joyita, no puedo sino recomendárosla, leerla y disfrutarla, son apenas cien páginas capaces de transmitir intensas emociones.







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20/1/18

Relato incluido en el Reto 5 líneas mes de enero, las palabras a incluir son: dormir / justo / diablo.



En mi casa los abrazos eran suplidos por empujones, pocas risas se oían y sí muchos lloros, en mi casa la vida dolía. De noche no podía dormir, de día me costaba vivir. Él ni sabía, ni quería ser persona, él era el mismísimo diablo y justo era mandarle donde debía estar, en el infierno. Aquel día, de las ventanas salían bocanadas de humo que envolvían la calle de un gris oscuro, haciendo contraste con el verde esperanza que lucía mi corazón.


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